Ganar o ganar: la apuesta del autoritarismo ordinario. Por Irene León

Ganar o ganar, aún si la voluntad popular dice lo contrario, y para hacerlo la derecha y sus adeptos han llamado al combate, hasta que se reconozca por la fuerza y la violencia una victoria del cambio regresivo, sin lo cual hasta están dispuestos hasta a incendiar Quito…

Luego de un decenio de cambio constructivo y paz ¿permitirá el pueblo tal regresión histórica?


Fuente: ALAI


¿A qué feminista, consecuente con sus referentes, se le ocurriría hacer campaña y votar por un supernumerario del Opus Dei, corriente religiosa ultraconservadora, que plantea un proyecto político levantado sobre la ‘santidad social’, con una agresiva agenda contra los derechos de las mujeres, los derechos reproductivos y la diversidad sexual?

¿Qué indígena o afrodescendiente militante se exhibiría, con unidad de propósitos, en la tarima de aquel que hace ostensible su racismo, clasicismo y xenofobia?

¿A qué izquierdista se le pasaría por la cabeza reivindicar el retorno de la oligarquía al poder y la instauración del neoliberalismo duro, con el pretexto de poner en evidencia que el capitalismo aún persiste?

¿A qué demócrata se le podría llamar tal cuando hace coro a los llamados de la extrema derecha a desconocer la institucionalidad democrática y erigir instancias privadas que la suplanten?

Pues estos y otros prototipos existen en Ecuador y son parte del entorno que respalda la candidatura de Guillermo Lasso (CREO), reconocido banquero y miembro del Opus Dei, que con una propuesta de cambio reaccionario pretende desplazar al proceso de cambio antineoliberal que germina en el país en el último decenio. 

Con una millonaria campaña sucia, la candidatura de la extrema derecha que pugna por la presidencia del país (abril 2 de 2017) no sólo ha buscado edificar una versión idílica del pasado, resucitando incluso a actores del conservadurismo que ya se creían en vías de extinción, sino que ha logrado posicionar al odio como catalizador de la articulación política, aglutinando en su entorno a todo ‘odiador’ dispuesto a compartir su plataforma para demoler, mayormente con falacias, la proyección de la Revolución Ciudadana.

La propuesta de un cambio regresivo se levanta sobre una perspectiva vertical y clasista del poder, con un enfoque de progreso individualista, contrario a cualquier aproximación al bien común. Apela a la reprivatización de la educación, la salud, los cuidados, la energía, los recursos naturales, y hasta de los parques nacionales, como también propone la regresión hacia una total liberalización económica y la eliminación de cualquier medida de control al capital financiero nacional o transnacional.

En fin, nada sorprende en la agenda de la derecha, todos estos elementos son constitutivos de su plan programático neoliberal y capitalista. Pero, sí sorprende que actores que se auto identifican con la izquierda y los movimientos muestren una militancia activa en ese frente.

Es más, esa adherencia no sólo sorprende sino que interpela a cuestionar: ¿qué izquierda, qué feminismo, qué ‘movimientos’ son esos que levantan al unísono con la derecha una condición para las elecciones presidenciales: ganar o ganar, aun si el resultado en las urnas diga lo contrario?

¿Qué movimientos son esos, que contribuyen a restaurar un imaginario cimentado en prejuicios de clase y sobre el racismo estructural que son constitutivos de la democracia de las élites? ¿Qué socialistas son esos que quieren romper con las políticas sociales redistributivas y públicas, para volver a la desigualdad privada, a la caridad para pobres, a la impunidad corporativa y financiera?

¿Qué demócratas son esos que, en equipo con la derecha, quieren confiscar el concepto de democracia, apropiarse de las realidades de su construcción y hasta del patrimonio emblemático de sus símbolos?

¿A qué ética política podrán apelar esos dirigentes que puño en alto con la extrema derecha llaman a calentar las calles, hasta que sea proclamada a fuerza la victoria de un cambio reaccionario y que para lograrlo evocan incluso la eventualidad de llamar a los militares a tomar el poder?

Ganar o ganar, aún si la voluntad popular dice lo contrario, y para hacerlo la derecha y sus adeptos han llamado al combate, hasta que se reconozca por la fuerza y la violencia una victoria del cambio regresivo, sin lo cual hasta están dispuestos hasta a incendiar Quito…

Luego de un decenio de cambio constructivo y paz ¿permitirá el pueblo tal regresión histórica?

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