Argentina. El terror y sus cómplices: Una historia inconclusa


No será posible una “Patria para todos” y una sociedad más fraterna y humana sino logramos cerrar este período de “noche y niebla” juzgando, no sólo a los militares, sino también a los civiles cómplices: Empresarios, políticos y sindicalistas.

Este debe ser el reclamo en este aniversario.

 
 
Por Manuel Justo Gaggero* 
 
Fuente: Resumen Latinoamericano

En esta semana se cumplen 41 años del Golpe del 24 de marzo del 76 y cerca de 44 del inicio del Terrorismo de Estado. Ambos tuvieron, para el Partido Militar y las clases dominantes, un sentido estratégico ya que se trataba de diseñar el modelo de país acorde con los intereses de estas últimas y con las exigencias del Consejo de Washington. Los mismos formaron parte de una contraofensiva contrarrevolucionaria de los Estados Unidos dirigida a asegurarse su “patio trasero”, que era el Continente Americano.

Cabría preguntarse, ¿a que obedecía esta política de Washington?

La misma tenía relación con el nuevo escenario que planteaba el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 y al surgimiento de organizaciones revolucionarias en toda América Latina que recuperaban el Mensaje del Che a la Tricontinental de La Habana y se proponían lograr la Liberación y el surgimiento de una sociedad socialista.

Haciendo memoria

En nuestro país este proceso impactó fuertemente en núcleos del peronismo revolucionario y de una nueva izquierda ,no reformista.

Por otro lado en el movimiento obrero surgieron corrientes antiburocráticas que cuestionaban a la dirigencia burocratizada en los sindicatos que confluyeron, en 1968, en la CGT de los Argentinos que, en el Programa del 1° de Mayo, recuperaba lo propuesto en La Falda y Huerta Grande y planteaba la Independencia Nacional y la construcción de una sociedad más fraterna y humana.

Por su lado las clases dominantes intentaban elaborar un nuevo diseño de país.

Para ello era preciso reducir el rol del Estado en la economía, liquidar una industria -a su criterio- no competitiva y centrarse en la conformación de una Nación con un desarrollo agro industrial y grandes franjas de la población condenadas a la pobreza.

La dictadura, implantada en 1966, intentó llevar adelante este modelo pero el proceso fue abortado por la resistencia obrera y popular y el surgimiento de organizaciones armadas revolucionarias peronistas y de la izquierda guevarista que plantearon una interpelación al poder dominante; el primero en la historia argentina del Siglo XX.

El “Cordobazo”, el “Rosariazo”, el “Viborazo” e infinidad de pequeñas insurrecciones en las ciudades impidieron la consumación del programa del gobierno militar que tuvo que llamar a elecciones-

Frente al crecimiento de las organizaciones revolucionarias y a la simpatía que despertaban entre los trabajadores, el Partido Militar -la fuerza política de las clases dominantes- llegó a la conclusión que debía acordar con el General Juan Domingo Perón su regreso al país y luego a la Presidencia de la República, para frenar este proceso.

El “Líder” regresó en esas condiciones, y luego de 40 días, dio por finalizada la “primavera “Camporista”, y sugirió la conformación de una organización , similar al “Somaten “ de la derecha española, para secuestrar y asesinar a los luchadores populares.

Esta se denominó “Alianza Anticomunista Argentina” y tenía como objetivo el de detener el “avance de los marxistas en el Movimiento”.

La misma asesinó, entre 1973 y 1976, a más de 1500 luchadores populares y fue la última construcción del que “fuera un grande hombre”; en ese momento transformado en un peón de las clases dominantes.

La muerte de este en 1974 hecho por tierra este proyecto y llevó a que la cúpula militar, con el respaldo de los grupos económicos más concentrados y del Departamento de Estado norteamericano, decidiera hacerse con el gobierno; el 24 de marzo de ese año de “noche y niebla”.

La idea de imponer el terror desde el Estado garantizaba el aniquilamiento de la oposición obrera y popular y, al mismo tiempo, disciplinaba la sociedad mediante el temor.

Miles de” desaparecidos”, asesinados u obligados a abandonar el país fue el saldo de este proceso; necesario para el nuevo diseño elaborado por el “arquitecto” del modelo: José Alfredo Martínez de Hoz.

El escenario de la democracia “encarcelada y limitada”

El esquema económico, cultural y social impuesto no ha sufrido mayores alteraciones en estos casi treinta y cuatro años de una democracia “encarcelada y limitada”. Por el contrario, se ha agravado con la minería contaminante a cielo abierto, la destrucción de bosques, el uso de pesticidas, de semillas transgénicas, la “sojización” y la hegemonía del capital financiero.

Todo ello en el marco de una presencia dominante de las trasnacionales y de un empobrecimiento de grandes franjas de nuestra población que subsisten con planes asistenciales que les aseguran una “clientela cautiva” a los partidos del sistema.

Un 33 % de pobres y miles de indigentes representan el peor escenario de la Argentina actual.

Contexto que se complica, aún más, con la presencia de la narco política que se infiltra en las policiales nacionales y provinciales e influencia a jueces y dirigentes políticos-

Los cómplices

Este proceso del Estado Terrorista ha tenido cómplices civiles que aún permanecen impunes y que hacen que esta historia esté inconclusa.

Efectivamente, los empresarios de la llamada “Patria Contratista”, las multinacionales y la burguesía agraria nucleada en la Sociedad Rural, fogonearon el Golpe y respaldaron la represión con su silencio o con un claro apoyo a la Dictadura, como fue el caso de Blaquier del Ingenio Ledesma o de Mercedes Benz, Ford, Acindar y Dálmine Siderca, entre otras, que entregaban listas de los delegados combativos para que fueran secuestrados por los llamados “grupos de tareas” o por la organización para estatal Triple A.

Como retribución y, a sugerencia del economista y Ministro de Economía eterno, Antonio Domingo Cavallo, y mediante los llamados “seguros de cambio”, los empresarios transfirieron sus obligaciones, en moneda extranjera, al Estado, o sea a nosotros, que de esa manera vimos incrementada la Deuda Externa del país.

Los Blaquier, los Roca, Pérez Companc, Fortabat, Roggio, Macri y Cía, entre otros, fueron los beneficiados con esta “generosa “dádiva” del gobierno militar más tenebroso de la historia moderna.

Por su lado, en la dirigencia política hubo conductas absolutamente contradictorias.

En el peronismo, la clara alineación del “General” a favor del Partido Militar, determinó que María Estela Martínez e Ítalo Luder, a cargo del Ejecutivo luego de la muerte de aquel, facilitaran el ingreso de las Fuerzas Armadas en la represión mediante el llamado “Operativo Independencia”; que aterrorizó todo el Norte Argentino con epicentro en Tucumán.

Luego del Golpe, un 38 % de los cargos públicos fueron ocupados por la fracción burguesa de este Movimiento, al mismo tiempo que miles de compañeros revolucionarios eran torturados y asesinados en los campos de exterminio instalados en las unidades militares y otros tantos poblaban las cárceles en inhumanas condiciones.

En el radicalismo, el presidente del partido, Ricardo Balbín, denunciaba lo que llamaba la “guerrilla industrial” , que eran las coordinadoras obreras que surgieron en el cordón fabril y que protagonizaron el “Rodrigazo”, y reclamaba que se “unificara la represión” en un claro mensaje a la cúpula castrense; y por otro lado, militantes radicales, como Sergio Karakachoff, eran asesinados por la banda paraestatal y el diputado Mario Abel Amaya moría como consecuencia de las torturas encarcelado por el régimen militar.

A su vez, Hipólito Solari Yrigoyen, senador de esa fuerza política y defensor de Tosco en 1969, era víctima de un atentado con explosivos llevado a cabo por la “Triple A”, inducido por la burocracia sindical que trataba de frenar una reforma a la Ley de Asociaciones Sindicales que limitaría sus privilegios.

Posteriormente, detenido a disposición del Poder Ejecutivo, optó por salir del país, sumándose al movimiento de solidaridad con los reprimidos y de denuncia de la Dictadura.

33 % de los cargos públicos, en el más trágico proceso del Siglo XX en la Argentina, fueron ocupados por dirigentes de esta formación política.

En la izquierda tradicional no guevarista se daba una situación similar. Contemporáneamente con la postura de la conducción del Partido Comunista que defendía al Dictador Jorge Rafael Videla por considerarlo “no pinochetista” y condenaba las acciones de las organizaciones revolucionarias en la resistencia, eran secuestrados y hechos “desaparecer” militantes de ese partido y muchos de ellos encarcelados.

En el sindicalismo también se dieron estas contradicciones.

Mientras José Rodríguez, Secretario General del SMATA, entregaba a los represores los nombres de los delegados combativos de Mercedes Benz y Ford; y hacía lo mismo Lorenzo Miguel con la comisión interna de Acindar y la conducción de la Seccional de Villa Constitución de la UOM, nuestro extraordinario compañero Agustín Tosco moría por la imposibilidad de tener una adecuada atención médica en la clandestinidad, Jorge Di Pasquale era secuestrado por “un grupo de tareas“ y Raymundo Ongaro, el mítico Secretario General de la CGT de los Argentinos, tomaba el camino del exilio luego del asesinato de su hijo.

Todas estas complicidades permanecen impunes y las direcciones actuales de los partidos del régimen no se han hecho ninguna autocrítica.

No será posible una “Patria para todos” y una sociedad más fraterna y humana sino logramos cerrar este período de “noche y niebla” juzgando, no sólo a los militares, sino también a los civiles cómplices: Empresarios, políticos y sindicalistas.

Este debe ser el reclamo en este aniversario.

Este es el dilema que requiere un gran debate en que apostemos a la unidad en la diversidad y al respeto de las diferencias.

*Abogado. Ex Director del Diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre y Diciembre 20”

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