Trump y las tramas de sus promesas. Por Jorge Wejebe Cobo



Nunca antes un futuro inquilino de la Casa Blanca asumirá el cargo con tantas interrogantes, desafíos  y una lista de promesas al electorado, algunas  perturbadoras para las  bases del sistema y el orden mundial capitalista, encrucijada  a las que la oratoria sin freno de Trump  lo llevó y que pueden ser dejada atrás como simples ofrecimientos de campaña  incumplidos. Pero es de ver, si se atreverá a consumar algunos de sus planes  anti sistema  con el mismo empuje con que edifica hoteles y casinos.  Solo el tiempo lo dirá.



Donald Trump será el primer presidente de EEUU sin antecedentes conocidos en el ejercicio de la política en su forma tradicional. A sus setenta años acumula una fortuna multimillonaria heredada y acrecentada en negocios inmobiliarios, en  inversiones en casinos, construcción de hoteles, entre otras y que le permitieron erigir en el centro de New York una torre que lleva su nombre. Y por tanto, a diferencia de los políticos, nunca ha tenido que cuidarse de mostrarse tan cual es por mantener las formalidades, ante las  elecciones por venir, los contrincantes o el fisgoneo de la prensa lista  a crucificar a quien  pueda.

Nada impidió que optara por ser el comandante en jefe del poder militar estadounidense, como presidente aunque no fue a la guerra de Viet Nam porque presentó un certificado de  limitación a las funciones militares por padecer de unas supuestas protuberancias o espolones  en  los pies, que no obstante no le impedían al joven Trump, ser un activo atleta.

En su carrera hacia la Casa Blanca, el estrafalario  magnate que se arregla el cabello ya ralo por la edad  con estilo de peluquín implantado cuenta entre sus anécdotas de poder, tocar a  mujeres a su
servicio cuando le place, hacer comentarios machistas y valorarlas como objetos de uso y querer comprar, por 10 mil dólares los favores sexuales de una estrella del  cine porno por una noche en la suite de uno de sus hoteles de California  y con la garantía que a la mañana siguiente la enviaría en su avión particular a cualquier paraje del mundo .

Trump  no ocultó  su  xenofobia y planea trocar a su vecino del sur, Méjico en el primer país encerrado por una muralla, aunque  tomó por esposa  a una inmigrante eslovena que inició su conquista del  sueño americano posando desnuda en revista para hombres y cuando la prensa divulgó esas fotos no demostró por lo menos en público, prejuicio contra el pasado  de la futura primera dama.

Tampoco le importó injuriar olímpicamente y decir verdades  en cada aparición  contra  la gran prensa y acusarla en las redes sociales  de corrupta y mentirosa y aunque solo tres medios tradicionales lo apoyaron,pero  la red  le bastó para comunicar sus ideas y puso en crisis el gran imperio de las letras impresas.

Considera que la OTAN  debía ayudar  a EEUU en costear los servicios de sus tropas, para convertirlas en  el mayor ejército mercenario de toda la historia y de paso acabar con más de 70 años de alianza con Europa Occidental sobre la que descansa un horcón importante de la geopolítica estadounidense de la pos guerra.

Alienta  un neo nacionalismo al prometer traer de vuelta a EEUU las industrias  y los puesto de trabajos que emigraron llevados por el gran cauce del neo-liberalismo  de finales del siglo veinte  a  los países  donde la plusvalía rinde más y baja lo costos. También su incontinencia  verbal o cálculo premeditado lo llevaron a anunciar que para  ir adelante con tales proyectos acabará también con tratados de libre comercio que hicieron posible  esa política.

Cuando convencía en la Florida a posibles electores, dijo acabará con las iniciativas  del presidente Obama de restablecer relaciones con Cuba, aunque envió  en 1998  a la Isla a un grupo de expertos para valorar  negocios probablemente en la construcción de Hoteles en los entornos afrodisíacos de sus cayos.

Tampoco ocultó sus simpatías  por el presidente ruso Vladimir Putin y delineó también una nueva política y acuerdos con Moscú,  y que incluyen un enfoque diferente sobre la posición de Washington en la guerra civil en Siria. Y  ya el mandatario ruso se apresta a reconstruir la  relación con su principal antagonista.

Fue grandilocuente en denunciar que las administraciones norteamericanas crearon la peor plaga terrorista de la historia, el Estado Islámico y responsabilizó a su contrincante  demócrata Hilary Clinton de estar entre sus responsables.

Poco le importó que en su contra se levantaron en  pleno casi todos los más importantes ex jefes del complejo militar y de inteligencia, quienes  en carta pública, lo consideraran un peligro para la Seguridad Nacional y probable "agente involuntario"  manipulado por Moscú y sin capacidades de líder para conducir a EEUU.

Casi todo el mundo se equivocó en augurarle un fracaso y hoy  Trump es el presidente electo de EEUU, la mayor potencia mundial, porque en su desenfado que solo da el poder real de la riqueza, convenció a un electorado, quizás sin calcular en que magnitud, cansado del sistema y de promesas reiteradas de cambios para desesperación de los millones de desempleados y otros en trance de serlo, de los pequeños empresarios, muchos también de pequeña entendederas para  pensar más allá de sus beneficios inmediatos.

Nunca antes un futuro inquilino de la Casa Blanca asumirá el cargo con tantas interrogantes, desafíos  y una lista de promesas al electorado, algunas  perturbadoras para las  bases del sistema y el orden mundial capitalista, encrucijada  a las que la oratoria sin freno de Trump  lo llevó y que pueden ser dejada atrás como simples ofrecimientos de campaña  incumplidos. Pero es de ver, si se atreverá a consumar algunos de sus planes  anti sistema  con el mismo empuje con que edifica hoteles y casinos.  Solo el tiempo lo dirá.

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