Geopolítica: energía, agua, territorio/ III. Por John Saxe-Fernández

El panorama que se presenta al mundo es difícil, agravado acá por el sometimiento gubernamental a procesos de integración estadunidenses de corte colonial en lo económico y de seguridad.


 
Fuente: La Jornada
 
 
Es notable la incapacidad político electoral de Estados Unidos de ofrecer una resolución no catastrófica ante los grandes retos existenciales que afronta la humanidad: el riesgo de una guerra mundial y la aceleración del calentamiento global antropogénico que conduce a un estadio de irreversibilidad climática catastrófico. Así lo acaba de advertir el Panel Intergubernamental de la Organización de Naciones Unidas en la materia. El contexto internacional que hasta ahora se viene perfilando desde el 11/S, se caracteriza por el deterioro general que se vincula a la unilateralidad y militarización de la política exterior de Estados Unidos, así como del destrozo de la relación política y estratégico militar entre EU y Rusia, ambas en control de 95 por ciento del arsenal nuclear. El panorama que se presenta al mundo es difícil, agravado acá por el sometimiento gubernamental a procesos de integración estadunidenses de corte colonial en lo económico y de seguridad.

En verdad ha sido brutal y multidimensional el asalto imperial/corporativo y de la voraz lumpenburguesía local contra el interés público de México y ahora van por más: territorios indígenas, campesinos, de pequeños y medianos agricultores, en pos de combustibles fósiles, agua y minerales lanzándose sobre poblaciones y ecosistemas hasta la extinción, en el marco del gran robo: la llamada reforma energética y las leyes que le atienden. Desde 1982 es una incesante guerra de clase del alto capital a través del FMI-BM-BID y sus country managers locales, mediante una condicionalidad acreedora que se disfraza de neoliberal, porque, como dice Chomsky, ni es nueva ni es liberal. Es un programa que fragiliza a más no poder las bases del aparato productivo, y con ello los ejes de la estabilidad y la paz social. En tiempos de deterioro en la relación EU/Rusia y de alto riesgo de guerra, el prianismo anuló la autosuficiencia alimentaria y de abastecimientos de gasolinas, fomentó la desigualdad extrema y la pobreza y aceptó la injerencia de Estados Unidos en asuntos de energía, de ministerio público y de resguardo fronterizo.

La dimensión militar, a través de la Iniciativa Mérida, se montó sobre un argumento de más de 3 mil millones de dólares, más fondos extras del Departamento de Defensa ¿para agilizar la toma de decisiones en materia de seguridad pública? La guerra al narco o al crimen organizado, la proeza histórica de Calderón con decenas y decenas de miles de muertos y desaparecidos, proeza realizada en medio de persistentes autorizaciones para abrir casinos y recurriendo al aparato militar, al margen de todos los protocolos formalizados en la Convención de Palermo para tales efectos. Calderón y su equipo desatendieron la inmediata vigilancia y control de los flujos de capital, de armas de asalto y de contrabando aunque esa Convención estaba en vigor en México desde septiembre de 2003. Ellos privilegiaron los protocolos militares de Estados Unidos, la última opción y sólo en casos excepcionales según la ninguneada Convención.

Es desde este asalto que se acentúan las vulnerabilidades y acosos a la integridad y jurisdicción territorial de la nación desde la plataforma imperial del homeland security de Estados Unidos. En tiempos de calentamiento global antropogénico que, junto a una guerra, representan gran amenaza a la agricultura, el prianismo acabó con la autosuficiencia alimentaria y debilitó el manejo nacional del sector petroeléctrico cuando más se necesita. Con diseños de mercado que no están orientados a generar empleo y bienestar, realizan masivos recortes como si buscaran acicatear los precipitantes de caos: la desigualdad extrema, la polarización, la impunidad.

En Estados Unidos y en el México prianista abundan los asaltos al tesoro. Allá haciendo pedazos a Irak, Afganistán, Libia y luego reconstruyédolos a base de jugosos contratos (sin rendición ni de cuentas ni de resultados), eso sí con centenares de miles de bajas civiles, y acá a través de empréstitos de reformas estructurales del FMI-Banco Mundial ahogados en opacos manejos de privatización y corrupción que J. Stiglitz calificó de préstamos de sobornización con depósito legal en banca suiza para agilizar la toma de decisiones. Prolifera el negocio bélico: nuestro socio en el TLCAN en una semana de septiembre bombardeó seis países de Medio Oriente y el norte de África sin dejar su programa de asesinatos vía drones, ¡haciendo amigos por todo el mundo!, mientras auspicia conflictos mayores con Rusia que pueden desembocar en interrupciones en los flujos mundiales de alimentos y energéticos que el aparato de seguridad de Estados Unidos puede decidir regular, según se dé la intensificación bélica.

En una ecuación mundial de gran confrontación y provocación militar alentada por nuestro socio, es imprudencia mayor hacia la población que, sin autorización senatorial, Los Pinos involucre tropa mexicana en operativos manejados por Estados Unidos bajo la rúbrica de operaciones de paz.

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