¡Alerta! Paz para Colombia corre peligro. Por Patricio Montesinos

Perturbarla de cualquier manera, incluidas la dilación y de hecho el cansancio, es el objetivo que persiguen los secuaces de la guerra en Colombia, los mismos que no desean que la Patria Grande sea una Zona de Paz, como fue declarada en La Habana en 2014 por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).



Otra vez la anhelada paz para los colombianos corre peligro luego de varios hechos violentos escenificados en menos de una semana en su país, inmerso en poner fin a la guerra más sangrienta y prolongada en la historia de la Patria Grande.

Los asesinatos de varios líderes campesinos y de dos integrantes de la guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), además del desalojo violento y arbitrario por la policía del campamento por la paz instalado en la plaza Bolívar, de Bogotá, dispararon las alarmas acerca de nuevas amenazas que se ciernen sobre los acuerdos para el termino del conflicto en esa nación latinoamericana.

Analistas coincidieron en que esos crímenes y el uso de la fuerza por los gendarmes frente a los pacifistas acampados en Bogotá conspiran contra la letra y el espíritu de los pactos suscritos en La Habana, Cuba, para sepultar el diferendo castrense colombiano.

Los expertos concordaron asimismo en que detrás de tales hechos hay manos tenebrosas interesadas en impedir que la paz firmada ante el mundo entre el gobierno del Presidente, José Manuel Santos y las FARC-EP, se imponga de una vez por todas sobre la guerra de cinco décadas que ha enriquecido a políticos en ese Estado de Nuestra América, como el derechista y el narco-terrorista exmandatario Álvaro Uribe.

Pero no solo Uribe y sus partidarios paramilitares apuestan por la continuación del conflicto, sino también terratenientes y los poderosos medios de comunicación al servicio de la oligarquía, los cuales no paran de cuestionar y entorpecer el sueño más sagrado de la mayoría de los colombianos y de los pueblos de la Patria Grande.

La prensa derechista y los “uribistas” persisten en atomizar la paz, como lo hicieron mintiendo a sus compatriotas previo al plebiscito del pasado 2 de octubre, y se empeñan al mismo tiempo en exacerbar la violencia con el propósito de conseguir frustrar la concordia, a juicio de los mismos analistas.

El ejecutivo de Santos tiene una inmensa responsabilidad con la materialización de los acuerdos, y por ello debe evitar a toda costa que cualquier incidente o acciones protagonizadas por las fuerzas retrogradas los pongan en riesgo.

El mandatario de esa nación latinoamericana anunció en las últimas horas que el venidero miércoles debe ser debatido el tratado en el Congreso de la República, previa conversación con las FARC-EP acerca del método de refrendación, aunque no ha habido confirmación al respecto.

Por su parte, el senador Iván Cepeda, integrante del Polo Democrático Alternativo, alertó que la legitimación e implementación de los acuerdos es ya un imperativo.

En declaraciones a la prensa, Cepeda manifestó que la gente está cansada, y es necesario acabar de poner en vigor la paz.

Precisamente, perturbarla de cualquier manera, incluidas la dilación y de hecho el cansancio, es el objetivo que persiguen los secuaces de la guerra en Colombia, los mismos que no desean que la Patria Grande sea una Zona de Paz, como fue declarada en La Habana en 2014 por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

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